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«3.000 caracteres para 1 millón de emociones, risas, bailes… 17 días inolvidables»

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Mientras se van concretando los voluntariados internacionales para el próximo verano, aprovechamos para rescatar este testimonio de la última edición y lleno de vida.
Irene Guisado. Una historia que contar y mil sonrisas que no se pueden olvidar; cada mano, cada pie, cada niño es una historia diferente. Algunos tienen más otros tiene menos pero no le dan importancia a esas cosas; ellos se ven iguales, se ven con la misma talla de zapatillas y de guantes. Podría contar muchas cosas pero voy a contaros mi experiencia. Mi mayor recuerdo de la Asociación Espiral (Fuenlabrada, Madrid) ahora y siempre serán los niños. Ahora soy joven pero cuando sea una abuelita quiero contar a mis nietos los momentos más especiales de mi vida y esta experiencia ha sido uno de esos momentos. Tengo poquita edad pero para mí vivir en Espiral durante unos días ha sido una oportunidad increíble, aunque no os creáis queridos lectores que todo son flores y amapolas. Lo que más recuerdo y más echo de menos son las cosas malas pero bueno ¡eso pasa siempre! Considero que para vivir esta experiencia hay que tener un gran corazón como tienen los voluntarios que han estado este verano y están allí aguantando año tras año. Ellos se merecen una mención especial desde el más pequeño hasta el más mayor. Me gustaría terminar diciendo todo lo que ha significado esta experiencia para mí; madurez, saber estar y sobre todo respeto. Es algo inexplicable, no se puede contar ni en un trillón de palabras, simplemente ¡genial! Y no deseo que solo haya sido maravilloso para mí, deseo que lo haya sido para todos. Creo que tengo esta súper emoción porque es el primer año pero no me importaría poder jubilarme con cada nene, cada abrazo, beso y grito que dimos con los principales protagonistas. Así que lo único que me queda por decir es: Gracias de corazón.

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